EL DOLOR DE LLEVAR LA CRUZ
por Rev. John Ensor
Para que conozcan la parte de llevar la cruz de nuestro trabajo, por favor lean la historia de una mamá que conocimos.
María estaba embarazada de unos cuantos días solamente cuando se reunió con Elizabeth, la cual ya estaba con seis meses de embarazo (Lucas 1:39). Y este bebé, que pronto sería llamado Juan el Bautista, saltó de gozo en la presencia de Dios, El Hijo de Dios completamente humano, que en esos momentos solamente tenía días de concebido. Un "zygote" en términos biológicos.
Pero no todo fue alegría. De hecho, junto con la encarnación, hubo una matanza de niños inocentes. Herodes "mató a todos los niños varones de Belén menores de dos años de edad... y la profecía del profeta Jeremías se cumplió: "Se oye un grito en Ramá, llanto y gran lamentación; es Raquel, que llora por sus hijos y no quiere ser consolada. ¡Sus hijos ya no existen!" (Mateo 2:16-18). Una aldea entera de niños asesinados. Una aldea entera de madres sin consuelo a su dolor.
Es importante que ustedes sepan que además de nuestras numerosas historias de gozo y alegría que hemos compartido con ustedes, silenciosamente también lloramos y nos lamentamos por el dolor de las pérdidas. El dolor es siempre difícil de soportar. Es por eso que nosotros nos referimos a nuestro Ministerio, "Llevando la cruz por las que llevan a su bebé".
Hace solamente dos semanas, una muchacha llegó a nuestra clínica y le hicimos un ultrasonido. Cómo ustedes saben, ya estamos haciendo de 30 a 40 ultrasonidos al mes. Lo que más nos sorprendió de esta muchacha fue que confirmamos que el bebito tenía 6 meses dentro de su madre, al igual que Juan el Bautista cuando conoció a Jesús y lo adoró, vientre a vientre! Por el ultrasonido pudimos ver que era un varoncito completamente formadito. Sus deditos de manos y pies y hasta las pestañas, eran visibles. Una verdadera obra maestra de nuestro Dios. Sonreímos al verlo en la pantalla del ultrasonido, hablamos con él, le dimos la fotografía a su madre y le prometimos que la ayudaríamos con todo lo que a ella le hiciera falta. Desgraciadamente y con mucho dolor en nuestros corazones, nos enteramos esta semana que este bebito fue matado, destrozado y arrebatado del vientre de su madre por un aborcionista local en Miami.
Esta noticia fue un golpe muy grande a nuestro corazón. Nos preguntábamos mentalmente, "¿Hicimos todo lo que podíamos hacer?" "¿Habríamos podido hacer algo más?"
Las lágrimas derramadas nos hicieron poner todo a un lado y tristes corrimos delante de la presencia de Dios. Nuestro corazón lloraba "Padre Santo, tratamos de evitarlo. Estábamos listos para ayudarla." Este es el precio que pagamos en este Ministerio mientras rescatamos a tantos otros bebitos.
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